Ni con sus vidas pagan
Precisamente por lo mucho que nos han costado, está claro que no valen nada. Nunca sabremos cuántas vidas se fueron y cuántas quedaron en condición irrecuperable. El saldo de viudas, viudos, huérfanas, huérfanos, madres y padres sin hijos… igual o peor que una guerra. No merecíamos esto. Lo grande del caso es que todavía no lo sabemos todo. Lo único que no ha dejado el menor resquicio de duda es que estamos podridos. No recuerdo donde leí que «la justicia no siempre es castigar al culpable. A veces es reconocer la capacidad donde nadie se toma el trabajo de mirar». Pero en nuestra sociedad nadie se toma el trabajo de mirar la capacidad, mucho menos reconocerla. Por el contrario, la capacidad estorba. Y donde dice capacidad, no solamente se refiere a formación académica y experiencia laboral, sino a la lista de valores y principios que deben completarla. El caso que ha sacudido a toda la sociedad fue cometido por hombres y mujeres privilegiados en más de un sentido, incluyendo l...