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Prácticas viejas y muy malas

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  A mediados de los años 70, hacía muy poco que había regresado de Francia y me contrataron para traducir unos manuales de equipos que la presidencia había adquirido para algunas de sus dependencias, entre ellas RTVD (el canal 4). Cuando recibí del primero de dos o tres cheques en los que habíamos acordado dividir los pagos, di un brinco – y no fue de alegría – cuando vi que me habían descontado RD$2 por concepto de una foto del presidente Balaguer. Ahí mismito empecé a pelear: en primer lugar, ¿dónde estaba la foto de Balaguer que me estaban cobrando? En segundo lugar, ¿qué los hizo pensar que yo quería una foto de un hombre que, no solamente salía en la prensa absolutamente todos los días, sino que se encontraba a dos puertas del lugar que me asignaron para hacer el trabajo? Y, en tercer lugar, ¿qué ley amparaba esa compra inconsulta? Para salir de mí, más de un empleado de ese departamento se metió la mano en los bolsillos para resarcirme los dos pesos. Entonces tuvieron...

Compra de votos: una maldición

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  Durante el período de gobierno que terminó en 1978, trabajé un tiempo en el Palacio Nacional. No como empleada, sino traduciendo una revista internacional que publicaba un subsecretario de Estado sin cartera. No era parte de sus funciones. De hecho, él no tenía funciones. Era un asunto privado, pero a los dos nos quedaba más cómodo trabajar juntos en su despacho, a dos puertas del despacho presidencial. En una de ésas, el entonces presidente iba a salir de la ciudad. Había un movimiento en el área: un teniente asegurándose de que no faltara el Imperial de Guerlain para que el presidente se lavara las manos cada tanto mientras saludaba a la gente que hacía fila, bueno, todo lo que hacían cada vez. Yo tenía cierta prisa en ver a mi contratista antes de que se fueran y abrí varias puertas buscándolo. Una de esas puertas era la del despacho de Bello Andino. Amablemente, me dijo que no había visto al subsecretario. Los escasos segundos que duró ese episodio fueron suficiente...

Bonding: Vínculo traumático

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  El vínculo traumático es una trampa emocional silenciosa que te mantiene unido a quien deberías soltar. ¿Por qué extrañamos a alguien que nos hizo daño?Tu mente sabe que te hizo daño, pero tu corazón sigue atado porque “también tenía sus cosas buenas”.   Recuerdo a una amiga de infancia que insistía en que, con o sin rencor, nunca olvidara cualquier daño que me hubieran hecho. Y también recuerdo a una profesora que me decía que hablara de eso con naturalidad, que se lo contara a las personas con quienes me trataba de cerca, para que me entendieran. Sin ser masoquista ni emocionalmente dependiente – aprendí muy temprano a querer sola, a no ser querida ni valorada, y a vivir con esa realidad. No tengo vena de mártir. De hecho, no creo padecer de “bonding”. Me pareció interesante un material que encontré y leí, pero yo, lejos de apegarme, me quito, ...

El punto cero de desesperanza

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El "punto cero de desesperanza" es un concepto filosófico, popularizado por Slavoj Žižek, que se refiere a un momento crítico donde se agotan las ilusiones y alternativas, un  punto muerto existencial  que, paradójicamente, puede ser el catalizador necesario para un  cambio radical y auténtico , superando la mera resistencia para forjar una nueva perspectiva, no desde la negación, sino desde la confrontación honesta de un futuro incierto y difícil.  Entendiendo el Concepto No es rendirse, es un umbral:  No se trata de claudicar, sino de alcanzar el fondo, el momento donde "ya no sabemos qué hacer" y la fantasía de una salida fácil desaparece. La condición para el cambio:  Solo al enfrentar este punto cero, se puede iniciar una transformación genuina, evitando soluciones superficiales o ideológicas, señala el filósofo esloveno Slavoj Žižek, según extractos de sus obras como "El coraje de la desesperanza". Distinguir...

Ni con sus vidas pagan

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Precisamente por lo mucho que nos han costado, está claro que no valen nada. Nunca sabremos cuántas vidas se fueron y cuántas quedaron en condición irrecuperable. El saldo de viudas, viudos, huérfanas, huérfanos, madres y padres sin hijos… igual o peor que una guerra. No merecíamos esto. Lo grande del caso es que todavía no lo sabemos todo. Lo único que no ha dejado el menor resquicio de duda es que estamos podridos. No recuerdo donde leí que «la justicia no siempre es castigar al culpable. A veces es reconocer la capacidad donde nadie se toma el trabajo de mirar». Pero en nuestra sociedad nadie se toma el trabajo de mirar la capacidad, mucho menos reconocerla. Por el contrario, la capacidad estorba. Y donde dice capacidad, no solamente se refiere a formación académica y experiencia laboral, sino a la lista de valores y principios que deben completarla. El caso que ha sacudido a toda la sociedad fue cometido por hombres y mujeres privilegiados en más de un sentido, incluyendo l...

Narcisista: ¿sicópata, sociópata, homosexual latente?

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  Percibo que se está hablando y escribiendo mucho sobre los hombres narcisistas que, sin duda, abundan. Diría que hasta sobran para donar a otra galaxia. Sin embargo, la existencia de esos hombres no debe ser usada para victimizarnos a nosotras, las mujeres que, por si se nos olvidaba, los parimos y los criamos. El narcisismo probablemente sea una sicopatía, cuando menos, una sociopatía. No sé, pero tiendo a creerlo. Y, del mismo modo, creo que su conducta sirve, en demasiados casos, para encubrir la homosexualidad latente, que nunca se han atrevido a ejercer. O la clandestina, que ejercen como doble vida. He visto, con mis ojos, a muchas madres de varones que los adoctrinan contra todas las mujeres, que les inculcan que ellas son las únicas que los quieren de verdad y que no deben confiar en los sentimientos de ninguna otra mujer. Una rivalidad dizque preventiva, pero en realidad, enfermiza. Entonces, me pregunto si no será doble moral de nosotras las mujeres, luchar con to...

Don Radhamés y don Cuchito

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No los conocía de nada. Y ahora, a mis 74 años y ellos dos fallecidos, hago pública mi gratitud: fueron las dos únicas personas, de las tantísimas que he conocido en mi vida, que me valoraron. Desinteresadamente. Más de una vez los dejé, y ellos siempre lograron que volviera.   Sin embargo, cuando ellos dejaron de dirigir esos medios, no tuve que molestarme en dejarlos. La administración no tuvo que cancelarme, porque nunca me pagaron. Bueno, una vez exigí pago, me lo dieron y, aparte de que pagaban (poco) el día 45 de cada mes, la administración empezó a ponerme condiciones sobre el contenido de mis escritos, así que, posición anterior: preferí que no volvieran a pagarme. Soy del diminuto grupo cuyas plumas no tienen precio. Pero dejemos eso. Lo que quiero recordar es la parte agradable. A principios de los 90, envié una carta a El Nacional, alarmada por la aparición de un personaje detestable por televisión. El director, don Radhamés, me llamó para indicarme que debía hac...