Nueva explotación de la pobreza

Para quienes no tenemos gran cosa que hacer y necesitamos huir de nuestros propios pensamientos (ni hablar de los pensamientos ajenos que nos invaden por las más variadas vías), el extenso repertorio de canales en las redes ocupa parte de nuestro tiempo y, en ocasiones, puede ser divertido, sobre todo si no nos detenemos a analizar esas publicaciones.

 

Tengo entendido que, a partir de un cierto número de seguidores, algunas de esas redes pagan, y pagan bien, a sus productores, quienes además tienen su propia publicidad, pero he visto que esas redes también colocan sus anuncios, digamos, internacionales.

 

Me llama la atención que, aparte de las emisiones de noticias falsas, chismes políticos, pronósticos, análisis y difamaciones de todos los calibres, los que más seguidores tienen son los que divierten a base de la ignorancia de la gente.

 

Sí, son muy divertidos, mientras los vemos con ese fin. Pero, si lo pensamos bien, son patéticos. Podríamos consolarnos con los vídeos que publican desde la civilización, pensando que, si por allá son tan ignorantes, la ignorancia en el subdesarrollo es normal.

 

No. Eso lo único que demuestra es que la ignorancia no se debe a la pobreza, sino que es un trabajo político en muchos países que, para sostenerse, necesitan que la gente viva así, sin saber de nada.

 

Ya no es suficiente aquello de que “el mal comío no piensa”, porque “el mal comío” vive a riesgo de enfermarse y morir (cosa que también ocurre a los que comemos), y cada baja, por inhabilitación o muerte, es un voto menos.

 

Entonces, es mejor procurar que no carezcan por completo de algunos asuntos básicos, que se crean medianamente parte del sistema (de hecho, lo son, pero no como creen), que se sientan libres e independientes, por ejemplo, produciendo dineritos en labores que, si no llegan a violar ninguna ley, violentan las más elementales normas de urbanismo y convivencia, primero, porque no las conocen y luego, porque no les importa.

 

Y, en esa misma onda, exhiben su ignorancia – que no es supina: no son responsables de ella – por la gloria de salir en un video. No sé si los boronean, lo que sé es que esos sin duda ingeniosos productores ganan dinero y seguidores (fama y fortuna) a costa de ellos.

Es la nueva modalidad del circo sin pan: explotación, ya no solo de la pobreza, sino de su consecuente ignorancia, para fines de distracción de todas las partes involucradas, incluyendo a quienes, cada tanto, ocupamos nuestro tiempo en verlos y hasta nos atrevemos a reírnos de algo que, en realidad, debería indignarnos (más) con el sistema de tantos países, algunos de ellos desarrollados.

 

Y aquí debo confesar que a veces, risa aparte, me da envidia. Me cruza por la cabeza que bien podría ser mejor vivir así, sin saber ni entender nada. Pero, dado que eso no es reversible, no hay manera de dejar de pensar ni de manejar la rabia y el arrepentimiento por haber creído que el mundo podía mejorar.

 


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