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Socialmente invisibles

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La invisibilidad social es una forma brutal de la ya de por sí brutal violencia. Nos hace vulnerables, dependientes, inferiores, marginalizados, casi dejamos de pertenecer al género humano. Si sólo se tratara de que decidimos recogernos, por ejemplo, en razón de la edad, hasta podría considerarse una ventaja: podríamos ir al mercado en piyama, no volver a peinarnos nunca más, en fin, disfrutar de la paz que proporciona no ser reconocido, no correr el riesgo de ser abordado, ni siquiera saludado en ninguna parte. El problema es que se trata de la peor exclusión en la que se pueda vivir. Nos convierten en nadie, en nada, no solamente por nuestra edad, o por nuestro estilo de vida, sino también - y principalmente - por no comulgar y en algún momento habernos atrevido a enfrentar el sistema que pretende dirigir nuestras vidas. Somos ese estorbo que hay que quitar del medio para que aquellos a quienes hemos permitido o no hemos logrado impedir que nos arrebaten todo no tengan n...

Una pizca de cordura

Nunca fui lo que se dice amiga muy cercana de Hamlet. Sin embargo, fue mucho lo que coincidimos en la vida y siempre nos tratamos con gran cordialidad y simpatía, incluso cuando tratábamos temas en los que, ni en sueños, nos podríamos de acuerdo. No tengo que decirles lo mal que pienso de Danilo, ni de Juancito Sport, ¿verdad? Ahora, pongámonos cuerdos por un instante en la vida. El delincuentazo de Juancito era un alcalde. A pesar de las escandalosas y escabrosas circunstancias de su muerte, le tocaba el duelo, cuando menos municipal. Los motivos por los que lo honraron con duelo nacional son otros, propios del sistema podrido que nos rige, las formas de amortizar deudas de gratitud y complicidad, etc. Y por ese mismo sistema, reconocer heroísmo a quien vino en una invasión con el propósito de derrocar un gobierno constitucional, aunque debería llevar comillas, pero resultado, amañado o no, de unas elecciones, sería validar este tipo de acción, incluso estimularla. Cl...

¡Qué alegría y qué pena!

Probablemente ya ustedes ni lo recuerdan, pero estuve colocando en las redes unos mensajitos motivando a diferentes sectores excluidos y discriminados a confiar en el candidato de la oposición asegurando que él estaba con ellos, que los apoyaría, que les garantizaba inclusión social. No iba a contar esto, pero tampoco voy a esperar a reventar como una vejiga. En el momento en que dediqué mi tiempo a esa tarea que me pareció tan sencilla, digerible y fácil de sustentar, sobre todo para quien está haciendo campaña a mano pelá, soporté con estoicismo la indiferencia, incluso la actitud de piadoso menosprecio de algunos integrantes del comando de campaña. Por Twitter, ni siquiera una asesora, sino una seguidora cualquiera de una veterana política, candidata presidencial de país desarrollado, me preguntó si había entendido bien, que si ahí decía (lo que decía, pero en su idioma). Le respondí que sí. Me preguntó entonces que si podía usarlo a favor de su candidata, en su país, por supues...

En los altares

Por mis doce úlceras sangrantes todavía en tratamiento, he estado haciendo esfuerzos para no dejarme alterar por nada de lo que pasa, pero, coñazo, ¿a partir de qué criterio se atreve un pastor evangélico a elaborar listas ¡y leerlas desde los altares! con nombres de quienes ejercen su derecho a ser elegidos por votos y, además, ejercen (o no) su derecho a ser pro-haitianos, pro-aborto y pro-gay. Aparte de que no están respetando su propia prédica sobre el libre albedrío (qu e justifica el pecado y no pocas atrocidades), están violando una o más leyes de las que rigen el país donde viven (y viven bien), empezando por el derecho al buen nombre de cada ciudadano/a. En su propio lenguaje, están haciendo lo mismo que otros hicieron a su Señor Jesucristo, que fue crucificado y etiquetado como rey de los judíos, lo que en la época era una ignominia. No denuncian a los corruptos, no denuncian ladrones ni asesinos, no denuncian violentos domésticos, abusadores y violadores,...

¡¡¡Mujerejembra!!!

Tranquilas, que no voy a recomendarles tener cuidado con el cuabero. Ni que quisiera, porque no recuerdo la última vez que vi a un hombre vendiendo cuaba en las calles. Es que ayer, conversando con un joven que estaba conociendo en ese momento, recordé uno de los temas que me llevó a hacer vida pública, es decir, a escribir artículos en El Nacional y a aceptar invitaciones a programas de radio y televisión. Primero, les voy a contar un hecho que, a pesar de lo lamentable, no deja de ser gracioso. Una joven, cuyo novio la golpeó al punto de que sus “hermanos varones” tuvieron que intervenir, se preparaba para ir a un concurrido lugar donde ese mismo novio pasaba unas de esas vacaciones anuales que el sistema nos regala para complacer a la iglesia católica. Uno de los hermanos le preguntó que a buscar qué iba ella donde estaba quien ya consideraban el ex novio, a lo que la madre, cibaeña, rápidamente respondió: “a lleváiselo a Fulanito”. Tanto esas jóvenes maltratadas ...

¿Con quién habla el cardenal?

En el vínculo que aparece a continuación y en la edición impresa del periódico Hoy de esta fecha, aparecen unas declaraciones nada cristianas, nada católicas y, francamente, nada decentes (para variar) del vergonzoso y vergonzante cardenal dominicano. Léanlas ahí: http://hoy.com.do/cardenal-pide-a-embajador-estados-unidos-irse-a-su-pais/ Todas y cada una de sus palabras son fácilmente rebatibles. Y su interpretación es más fácil todavía. Los motivos de su ira están a la vista. Hace tiempo que sabemos de qué pata cojea el cardenal. Para empezar, no se sabe a partir de qué criterio le molesta tanto lo que considera inherencia de parte del embajador y está tan seguro de que él si puede meterse en todos los asuntos del Estado, del gobierno y de la sociedad, sobre todo, cuando su casa, en la que él manda, es decir, la iglesia católica, deja tanto qué desear. De su casa, donde él vive, dejaré los cuentos para otro día. Lo que me pregunto es ¿con quién habla el cardenal? Es que...

Lo prometido es deuda

Les prometí contarles mis experiencias en las elecciones legislativas y municipales, más que como votante, como candidata que fui. En 2002, la coalición de partidos de izquierda abrió su boleta electoral a ciudadanos de conocida trayectoria de inquietudes sociales, me acerqué, me acogieron, y fui candidata a diputada. En ese tiempo, yo tenía una presencia fuerte en los medios de comunicación. No solamente escribía en periódicos y revistas, sino que me invitaban a muchos programas de radio y televisión de gran audiencia. El MIUCA y todos sus dirigentes me dieron un apoyo que nunca olvidaré. Las actividades que organicé para promover mi campaña tuvieron mucho éxito. Mi propuesta electoral tuvo un gran impacto. Nadie me negó respaldo económico. A la hora de la verdad, me contaron 73 votos.  Aparte de todos los que no votaron por mí, sucedió que algunos dirigentes de los partidos de la coalición que originalmente no eran candidatos, terminaron metiéndose en las bolet...