Mentes estrechas y mal corazón
Sin necesidad de datos oficiales, está a la vista – y la lógica indica - que la inmensa mayoría de quienes participaron en las trascendentales y gloriosas Marchas Verdes siguen viviendo, si no peor, igual que antes. No me incluyo porque, en el primer período de gobierno del PRM, fui tomada en cuenta para un puesto. De hecho, pedí uno muy por debajo del que se me ofreció, porque, dadas las circunstancias (la pandemia), quería estar cerca del país; quería trabajar para dominicanos en la pobreza y también quería un puesto que no fuera codiciado, para no tener que bregar con los “compañeritos meritorios”. Me guayé. No podía adivinar que las cosas saldrían así, como la arepa, candela por arriba y candela por abajo. Un concurso de ingratitudes. Desconsideraciones de todos los flancos. Pero hay que deslindar los territorios: por un lado, los que, efectivamente, usaron su protagonismo en las marchas para trepar y avergonzarnos. (Esto no incluye a quienes aportan sus conocimientos...