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Feliz cumpleaños, Hatuey querido

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  Aunque ya era dirigente del PRD, puede decirse que la vida pública de Hatuey empezó formalmente como dirigente estudiantil, en las luchas por el presupuesto de medio millón de pesos mensuales para la UASD.  La gestión de Hatuey Decamps en la FED rescató la UASD de la anarquía y, con el éxito de la lucha por el Medio Millón, logró encarrilarla hacia objetivos de superación académica y estabilidad. Dedicó sus esfuerzos a velar por la preservación de logros tales como el Economato, el Comedor Universitario y las becas, que administraba el Departamento de Bienestar Estudiantil. Decían que era faldero. Yo solamente le conocí una novia durante todos esos interminables semestres en la UASD. Cuarenta y nueve años después, cuando se organizó la primera Marcha Verde, Hatuey ya no estaba. En un momento recordé aquellas gigantescas movilizaciones de la UASD y, minutos más tarde, me emocioné hasta las lágrimas al ver a uno de sus hijos y a mi hija bajando por la 30 de marzo junto...

Ese día debí cortar contigo

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  Un día, hace más de 10 años, diría que 12, me llamaste desde tu celular a mi teléfono de línea y, en voz muy baja, me pediste que te llamara a ese número, al celular del que me estabas llamando. De ti, no se podía pensar que no tuvieras disponibilidad de minutos para hacer una llamada por larga que fuera, pero todo eso lo razoné después, mucho después, cuando me di cuenta de tu propósito, no sé si infantil o malsano. Me estabas llamando desde la casa de la persona por la que me acerqué a ti, por la que me interesé en tus planes y me adherí a ellos. Te había hablado de mi amistad, mi gratitud y mi cariño por él. Y decidiste comprobarlo, medirlo. Al sonar tu celular en su presencia, respondiste en voz muy baja: “espera un momento”, y escuché claramente cuando interrumpiste al hombre para decirle: “Aquí me está llamando Cosette Alvarez, le manda muchos saludos.” Y a mí, solamente: “Ya”. Y terminaste la llamada. Me cogió vueltas el cerebro. Sin dármelas de ser la más ingenu...

En un hospital del distrito…

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  … de cuyo nombre no quiero acordarme, atendieron, ingresaron y operaron a un joven adulto, por fracturas y heridas causadas en un desafortunado accidente. Aparte de las quejas por el manejo y el trato, a la hora del alta pasaron a su madre una factura por ciento cincuenta mil pesos. Contrario a lo establecido, dizque buscaron con su cédula y no aparecía en el plan subsidiado de SENASA, donde, en principio, debe aparecer todo el que no tiene plan contributivo. Sin que nadie la llamara ni le pidiera nada, se presentó una dirigente de un partido y se comprometió a asumir los gastos. Se esfumó sin cumplir su oferta. Luego apareció otro dirigente del mismo partido, ofreció lo mismo sin que nadie se lo pidiera, e hizo mutis por el foro sin aportar ni un centavo de lo que él solito fue a ofrecer. Solo me dijeron “una política” y “un político”, no de qué partido, pero, por más de un motivo, se puede pensar que tanto la mujer como el hombre son del partido en el poder. Andan b...

No quedará piedra sobre piedra

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  Pronto hará 20 años que murió mi mamá y todavía ella vivía cuando Roberto Salcedo empezó a destruir la Zona Colonial. Ni una sola de sus intenciones era sana. De su propia boca escuché que no quería que los indigentes durmieran en los bancos de los parques, ni que los homosexuales se reunieran en el Parque Duarte, que cambió árboles centenarios por palmeras porque las raíces de los árboles rompían el cemento. Cuando empezó a poner (no sé si con fondos de la Alcaldía o de los propietarios) toldos uniformes a todas las casas, a muchos nos pareció que estaba convirtiendo la zona en escenario para las infames películas de su hijo Robertico. Fue alcalde durante 14 años (le tocó el período de 6 años para volver a empatar las elecciones municipales y del Congreso con las presidenciales). No fue poco el daño que hizo en toda la ciudad, principalmente en el centro histórico de la capital dominicana. Lo sucedió en el cargo David Collado. Cuatro años de alcalde más seis que lleva de m...

Gracias por todo, Acacia querida

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Para mi suerte, no soy de celebraciones por fechas. De lo contrario, hoy habría tenido que cancelar cualquier actividad que hubiera programado por ser Día de las Madres.   No puedo describir mi tristeza. Acabo de enterarme de que mi querida amiga Acacia, la doctora Acacia Mercedes, Maestra de la Medicina, reconocida entre las Mujeres que Cambian el Mundo, falleció esta madrugada.   Mantuvimos una amistad sólida por algo más de 50 años, cuando ella regresó de México y yo de Francia, durante cuyo ejercicio, más que cualquier otra cosa, nos divertimos muchísimo.   Además, desde que le informé de mi embarazo, Acacia fue y siguió siendo siempre la pediatra de mi unigénita.   Aparte de que nunca me cobró ni un solo centavo, mi hija nunca se enfermó durante su infancia ni su adolescencia. Acacia decía que los pediatras trataban hasta los 18 años. Con Elisa, se pasó por más del doble.   Acacia, además de sincera, siempre fue muy frontal. Lo que tenía...

Del colegio a la UASD

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  O de la caridad a la solidaridad. Recientemente, como que no supe explicar a un grupo de jóvenes el impacto que tuvo, para mí y algunas compañeras de promoción, el salto de un colegio de monjas a la UASD “sin pasar por GO ni cobrar los $200”. Vivimos agradecidas de todo lo aprendido en el colegio, no cabe la menor duda. Pero tampoco hay duda de que vivíamos en una burbuja. Nos enseñaron a pensar en los pobres, sí. Eran frecuentes las colectas de ropas, sábanas, toallas, enseres del hogar y algún menudo para llevar a algunos barrios. También dedicábamos tiempo a la alfabetización de adultos, a cooperar con algunos servicios de salud, en fin, a practicar el precepto de “amar al prójimo como a ti mismo”, pero el prójimo allá y nosotras aquí. Caridad pura y dura, para disfrutar de nuestro bienestar y hasta comulgar en misa sin remordimientos. Sin embargo, en la UASD, los pobres no eran esa gente cuyos lejanos barrios visitábamos esporádicamente en plan de generosidad y altr...

Feminifobia

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  Los de la generación de mis padres decían que “los hombres que maltratan las mujeres no pelean con hombres”. Los de mi generación, que coincidimos con la llegada de la carrera de Sicología a las universidades dominicanas, decíamos y, por lo menos yo, todavía lo digo, que los hombres que maltratan las mujeres son, mínimo, homosexuales latentes. Creo que he dado suficientes pruebas de que no tengo nada contra las preferencias sexuales, cuya causa estuve apoyando hasta que se desbordaron, al punto de que ya están faltando letras en el alfabeto para completar sus siglas, no hablemos del frenesí que llegó a administrar hormonas a menores de edad. Si son felices, que lo disfruten. Lo que no pueden ni deben, por más que quieran, es imponerse. Pero no es mi tema de hoy. Como tantas otras personas, estoy recontrajarta, no solamente del abrumador número de mujeres que viven en situación de violencia, demasiadas desde niñas, y el cien veces maldito sistema de protección. He mencio...