El Nacional impreso
No recuerdo cuántos años fueron. Con seguridad, más de 10. No sé si completé los 20. Solo sé que gocé hasta lo indecible en esas páginas. Ni en mi vida familiar, ni en ninguna de mis relaciones - llamémoslas - amorosas, ni en ninguno de mis medios de sustento – ya fuera empleada o independiente - me sentí tan consentida, tan acogida, tan respetada. Adquirí categoría de persona. Recibí muchas cartas de lectores, principalmente de dominicanos en Nueva York. Tantas, que me atreví a decir que tenía un fan club. Viví experiencias de película, como aquel sábado en la tarde que me publicaron “Cubiertos de plata”, sobre una breve visita que me dispensó mi ex, durante la cual su necedad me hizo valorar lo bien que se vivía sin él. Esa tarde, me detuve unos segundos en la entrada de un centro comercial para que mi hija se montara en el carro y, repito, fue de película el momento en que un pequeño grupo de mujeres me reconoció. Algunas, seguramente divorciadas, sacaron de sus carter...