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Un día especial, muy diferente

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  El día de ayer empezó mal. Salí a la hora establecida. Hice una parada que, para ser rutinaria, resultó de tira tragicómica. Fui a un banco cercano a retirar un menudo para gasolina y cualquier antojo durante una salida – muy prometedora - de la ciudad. Meto la tarjeta en un cajero automático y la escupe. La meto en el cajero contiguo y todo funciona bien, excepto la entrega del dinero. Voy a un tercer cajero, el del “drive-thru” y el monto solicitado en el anterior no está en mi cuenta. Saqué lo que quedaba menos el balance mínimo y entré al banco a informar que me está faltando un dinero que el cajero no me entregó. Y aquí ocurrió algo comiquísimo. Mientras explico el caso a la empleada (de pie, porque no había en qué sentarse) ¡se me cayeron los pantalones! ¡hasta el piso! ¡y llevaba una blusa corta! Por suerte, los panties no estaban rotos ni desbembados. A pesar de lo contrariada que estaba, me dio un ataque de risa y, con toda naturalidad, me subí los pantalones y s...

La educación de nuestros presidentes

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  Yo no había cumplido 10 años cuando mataron a Trujillo. Nunca lo vi en persona. Las anécdotas con relación a su educación doméstica abundan, algunas pintándolo como un perro y otras ponderando sus valores y su sentido de la familia. Del desfile de presidentes que se sucedieron después de su muerte, es poco lo que se sabe al respecto, principalmente por lo efímeros que fueron sus mandatos. Luego, Juan Bosch, con quien me traté de cerca. Por un lado, era amigo de infancia de mi abuela Cosetta, se adoraban. Por otro lado, su primer matrimonio fue con una parienta nuestra cuyo nombre no recuerdo. Lo que sí recuerdo es que las veces que él y yo nos encontramos, invariablemente me apretaba los cachetes y me decía: “¡Igualita a su abuela!” Cada vez, le respondía lo mismo: “Don Juan, abuela era pelirroja, de ojos verdes.” Y él me decía: “Pero te mueres si no le dices cuatro verdades a la gente en su cara. En eso es que te pareces a ella.” Y, la última vez que nos vimos, en el ani...

El Nacional impreso

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  No recuerdo cuántos años fueron. Con seguridad, más de 10. No sé si completé los 20. Solo sé que gocé hasta lo indecible en esas páginas. Ni en mi vida familiar, ni en ninguna de mis relaciones - llamémoslas - amorosas, ni en ninguno de mis medios de sustento – ya fuera empleada o independiente - me sentí tan consentida, tan acogida, tan respetada. Adquirí categoría de persona. Recibí muchas cartas de lectores, principalmente de dominicanos en Nueva York. Tantas, que me atreví a decir que tenía un fan club. Viví experiencias de película, como aquel sábado en la tarde que me publicaron “Cubiertos de plata”, sobre una breve visita que me dispensó mi ex, durante la cual su necedad me hizo valorar lo bien que se vivía sin él. Esa tarde, me detuve unos segundos en la entrada de un centro comercial para que mi hija se montara en el carro y, repito, fue de película el momento en que un pequeño grupo de mujeres me reconoció. Algunas, seguramente divorciadas, sacaron de sus carter...

Siete decenios y medio

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  Todos los que nacimos en 1951 estamos cumpliendo 75 este año. Iba a decir que no hay vuelta atrás, no la hay desde el primer día de vida hasta el último. La vida no se detiene ni se devuelve “para coger impulso”. No sabemos cuánto nos queda de vida, pero con seguridad, cada día nos queda menos, agravado porque, diferente a la infancia y a la juventud, ya no nos vamos poniendo más fuertes, sino vertiginosamente más débiles. Menos independientes. Claro que “lo bailao nadie nos lo quita”. Y de que bailamos, bailamos. Nacimos y pasamos nuestra infancia en el último decenio de la era de Trujillo. Y estamos a riesgo de terminar nuestros días durante el primer decenio de Alofoke. Durante los primeros cinco años postdictadura, no sé cuántos gobernaron el país, entre Consejo de Estado y Triunvirato, más la Revolución de 1965, el Gobierno Provisional, hasta las elecciones de 1966 que llevaron a Balaguer al poder por los siguientes doce años. Luego, dos períodos de gobierno del ...

Pacheco, ¿un lord inglés?

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  No lo conozco. No recuerdo haberlo visto en persona ni una sola vez. Desde que salió a hacer vida pública, no me agrada. Sé, con seguridad, que no es un lord inglés. Ahora bien, en el escenario que se produjo la situación en la que el Piro le dijo “de tíguere a tíguere”, Pacheco era “el dueño de la casa” y el Piro un visitante. Entonces, no es de buen gusto usar ese tipo de expresión cuando vamos de visita a una casa ajena. Y menos un muchacho bien criado visitando a alguien no tan bien criado. Pero si Pacheco fuera un político de verdad, en vez de exigirle al Piro que no se refiriera a él en esos términos, le habría soltado una carcajada. No podía decirle “no somos iguales” porque, efectivamente, no lo son. “Las clases son las clases y el recreo es el recreo.” Con el Piro, a quien conocí – aunque no nos tratamos de cerca - en el fragor de las marchas verdes, se puede estar o no de acuerdo. Pero su vida pública siempre ha estado orientada a protestar por todo lo que no ...

Alofoke, presidente

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  Dice tío Google: - a lo foker Es una deformación de la palabra inglesa fucker. En este caso, esa expresión significa hacer algo por las malas, quede como quede. Ejemplo: 1.- Fulano fue a la casa de su novia y se la llevó a lo foker. Autor:  Karina Victor , el  11 de marzo, 2024 - a lo foker Cuando algo es hecho atento a uno mismo o sin tomar en cuenta las consecuencias. Ejemplo: Oye, me voy a ir para allá así, a lo focker. Autor:  Vos2015 , el  16 de julio, 2017 Claro que llevo años oyendo esa expresión, fundida en una sola palabra para ser usada como “nombre artístico” de un empresario, digamos, del espectáculo. ¿Quién lo diría? ¡Solo en la República Dominicana! Sin embargo, hace apenas unos días que vi su cara y escuché su voz por primera vez, en una de esas emisiones de programas de panel, por cierto, “a lo foker”. El Alofoke mentado se destapó con un sólido discurso intentando demostrar que “el pueblo dominicano traicionó a Trujil...

Feliz cumpleaños, Hatuey querido

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  Aunque ya era dirigente del PRD, puede decirse que la vida pública de Hatuey empezó formalmente como dirigente estudiantil, en las luchas por el presupuesto de medio millón de pesos mensuales para la UASD.  La gestión de Hatuey Decamps en la FED rescató la UASD de la anarquía y, con el éxito de la lucha por el Medio Millón, logró encarrilarla hacia objetivos de superación académica y estabilidad. Dedicó sus esfuerzos a velar por la preservación de logros tales como el Economato, el Comedor Universitario y las becas, que administraba el Departamento de Bienestar Estudiantil. Decían que era faldero. Yo solamente le conocí una novia durante todos esos interminables semestres en la UASD. Cuarenta y nueve años después, cuando se organizó la primera Marcha Verde, Hatuey ya no estaba. En un momento recordé aquellas gigantescas movilizaciones de la UASD y, minutos más tarde, me emocioné hasta las lágrimas al ver a uno de sus hijos y a mi hija bajando por la 30 de marzo junto...