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Mostrando entradas de 2026

Gracias por todo, Acacia querida

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Para mi suerte, no soy de celebraciones por fechas. De lo contrario, hoy habría tenido que cancelar cualquier actividad que hubiera programado por ser Día de las Madres.   No puedo describir mi tristeza. Acabo de enterarme de que mi querida amiga Acacia, la doctora Acacia Mercedes, Maestra de la Medicina, reconocida entre las Mujeres que Cambian el Mundo, falleció esta madrugada.   Mantuvimos una amistad sólida por algo más de 50 años, cuando ella regresó de México y yo de Francia, durante cuyo ejercicio, más que cualquier otra cosa, nos divertimos muchísimo.   Además, desde que le informé de mi embarazo, Acacia fue y siguió siendo siempre la pediatra de mi unigénita.   Aparte de que nunca me cobró ni un solo centavo, mi hija nunca se enfermó durante su infancia ni su adolescencia. Acacia decía que los pediatras trataban hasta los 18 años. Con Elisa, se pasó por más del doble.   Acacia, además de sincera, siempre fue muy frontal. Lo que tenía...

Del colegio a la UASD

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  O de la caridad a la solidaridad. Recientemente, como que no supe explicar a un grupo de jóvenes el impacto que tuvo, para mí y algunas compañeras de promoción, el salto de un colegio de monjas a la UASD “sin pasar por GO ni cobrar los $200”. Vivimos agradecidas de todo lo aprendido en el colegio, no cabe la menor duda. Pero tampoco hay duda de que vivíamos en una burbuja. Nos enseñaron a pensar en los pobres, sí. Eran frecuentes las colectas de ropas, sábanas, toallas, enseres del hogar y algún menudo para llevar a algunos barrios. También dedicábamos tiempo a la alfabetización de adultos, a cooperar con algunos servicios de salud, en fin, a practicar el precepto de “amar al prójimo como a ti mismo”, pero el prójimo allá y nosotras aquí. Caridad pura y dura, para disfrutar de nuestro bienestar y hasta comulgar en misa sin remordimientos. Sin embargo, en la UASD, los pobres no eran esa gente cuyos lejanos barrios visitábamos esporádicamente en plan de generosidad y altr...

Feminifobia

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  Los de la generación de mis padres decían que “los hombres que maltratan las mujeres no pelean con hombres”. Los de mi generación, que coincidimos con la llegada de la carrera de Sicología a las universidades dominicanas, decíamos y, por lo menos yo, todavía lo digo, que los hombres que maltratan las mujeres son, mínimo, homosexuales latentes. Creo que he dado suficientes pruebas de que no tengo nada contra las preferencias sexuales, cuya causa estuve apoyando hasta que se desbordaron, al punto de que ya están faltando letras en el alfabeto para completar sus siglas, no hablemos del frenesí que llegó a administrar hormonas a menores de edad. Si son felices, que lo disfruten. Lo que no pueden ni deben, por más que quieran, es imponerse. Pero no es mi tema de hoy. Como tantas otras personas, estoy recontrajarta, no solamente del abrumador número de mujeres que viven en situación de violencia, demasiadas desde niñas, y el cien veces maldito sistema de protección. He mencio...

Vejez y tránsito en RD

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  A propósito del debate sobre la duración de la licencia de conductor a partir de cierta edad, sería bueno tener presente lo difícil, desagradable y traumático que es manejar en nuestro país. Y, por supuesto, las limitaciones en aumento a medida que envejecemos. No es nueva la ley que manda que, a partir de los 65 años, la renovación de la licencia es solo por dos años. Tengo que decir aquí que la última vez que renové la mía, en 2023, cuando cumplí 72 años, le pusieron el vencimiento en 2027, o sea a los cuatro años, cuando tendré 76. También es bueno saber que, en otros países donde el tránsito no es caótico como el nuestro, a partir de los 65 años hay que renovar anualmente y la renovación depende de varios exámenes médicos, no solamente de la vista y el oído. En la República Dominicana, mueve a risa que pretendan ser tan estrictos, aunque se trate de algo sensato, siendo a la vez tan permisivos con tantas insensateces, por cierto, relativas al tránsito. Son demasiados los cond...

Mentes estrechas y mal corazón

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  Sin necesidad de datos oficiales, está a la vista – y la lógica indica - que la inmensa mayoría de quienes participaron en las trascendentales y gloriosas Marchas Verdes siguen viviendo, si no peor, igual que antes. No me incluyo porque, en el primer período de gobierno del PRM, fui tomada en cuenta para un puesto. De hecho, pedí uno muy por debajo del que se me ofreció, porque, dadas las circunstancias (la pandemia), quería estar cerca del país; quería trabajar para dominicanos en la pobreza y también quería un puesto que no fuera codiciado, para no tener que bregar con los “compañeritos meritorios”. Me guayé. No podía adivinar que las cosas saldrían así, como la arepa, candela por arriba y candela por abajo. Un concurso de ingratitudes. Desconsideraciones de todos los flancos. Pero hay que deslindar los territorios: por un lado, los que, efectivamente, usaron su protagonismo en las marchas para trepar y avergonzarnos. (Esto no incluye a quienes aportan sus conocimientos...

Belisa Amelia

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  Cuando nació, ya éramos siete los nietos de Maquinco Lara y Belisa Mieses, dos hembras y cinco varones. Ella fue la octava nieta (de abuelos paternos fallecidos), la tercera hembra. Fue una algarabía. Todavía teníamos dos tías solteras, una de ellas preparando su boda para el mes siguiente. (Doy por hecho que todo el mundo sabe lo bueno que es tener tías y tíos solteros. Yo disfruté de cuatro. Solamente uno de los hermanos de mi mamá se había casado siendo yo muy niña, lo que también fue bueno: su esposa era una súper tía y además me dieron un primo y una prima en la primera infancia.) Esa prima de la primera infancia, cuarta en la línea de los primos, que también se llamaba Belisa, Belisa Altagracia, murió en un accidente terrible teniendo menos de 30 años, cuando se dirigía a su lugar de trabajo, fuera de la ciudad. Esta madrugada se nos fue Belisa Amelia. Su nacimiento significó mucho para mí. Ese día, estaba de vacaciones en La Vega y, mientras desayunaba, recibí un...

La recaudación consular: ¡por fin!

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  Muchos miembros de embajadas y consulados en países donde tenemos representación, no disimulan su asombro sobre el hecho de que las recaudaciones consulares quedan en manos de nuestros cónsules o diplomáticos encargados de los servicios consulares. Que es una vergüenza, dicen los más prudentes. Y hay que decir que antes, la distribución era 60-40: 60% para el cónsul o diplomático encargado consular, 37.5% para el Tesoro Nacional, y 2.5% para la entonces SEREX.  Es oportuno aclarar que, en muchos casos de diplomáticos encargados del servicio consular, no son ellos, sino los embajadores quienes disponen de esos fondos. El origen de la mala práctica se debe a que antes, los cónsules no tenían sueldo. Trabajaban por las recaudaciones, menos los gastos (siempre ha habido que comprar las libretas de pasaportes, las entonces famosas tarjetas de turismo, las desaparecidas facturas consulares, y demás). El PLD puso sueldo a los cónsules, vicecónsules y auxiliares consulares, y abrió ...

Semana Santa: ríos, playas, montañas…

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  Viendo la publicación del número de vehículos que pasaron por los peajes, me preguntó una amiga por qué tanta gente sale de la ciudad durante este feriado. Y, la pregunta del millón, ¿cómo se permiten los gastos inherentes? Respondamos primero lo de los gastos: por un lado, hay gente, no mucha, organizada, que ahorra para darse sus gustitos; por otro lado, casi todo el mundo tiene tarjetas de crédito; y mientras haya prestamistas al módico 20%, todo se resuelve firmando un pagaré y/o entregando la tarjeta de débito de la cuenta nómina. Entonces, pasemos a las razones por las que la gente, masivamente, se va de la ciudad en Semana Santa. Pesa mucho la disponibilidad de un fin de semana algo más que largo. Luego, las condiciones del clima: no hace frío, pero todavía el calor no es insoportable. Algunos años, como éste, llueve, pero de todas formas, aquí nadie se detiene ni se devuelve porque llueva. Efectivamente, es una época buenísima para bañarse en el mar. También en lo...

Bien fait! (¡Lo mereces!)

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  “Bien fait” es una expresión francesa de doble filo, que tanto sirve para felicitar como para castigar. Literalmente, significa “bien hecho” (fait es el participio del verbo faire, que significa hacer), por lo que se usa para estimular o valorar. Pero, como aparece en el título, es una expresión que también significa “lo mereces”, refiriéndose a un castigo o un revés. Es lo que dicen los padres a sus niños cuando se caen o se golpean después de haberles dicho mil veces que dejen de saltar o de hacer cualquier travesura que los pone a riesgo de ese resultado; cuando no acogen las advertencias sobre determinada situación. Entonces, creo apropiado usar la práctica y útil construcción idiomática a todos aquellos que se acomodaron en la sumisión, en la genuflexión, en la adoración de la que son objeto, ignorando que son enemigas mortales de la lealtad. Por cualquier circunstancia, incluyendo accidentes, caen en una situación de mucho o poco poder, real o aparente, de todos mod...

“La religión: opio del pueblo”

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  No hay que ser marxista, es más, ni siquiera hay que ser ateo para estar de acuerdo con eso. La religión, cualquiera que sea, es una desgracia. Lo ha sido siempre. Esto no es una opinión. Es un hecho comprobado en demasiados capítulos de la historia universal. Publiqué hace un ratito en Facebook que “ Muchísimos izquierdistas dominicanos NO son ateos. Son creyentes ¡y practicantes!” No pensé que tendría que aclarar mi comentario, pero por lo que han comentado algunos contactos, parece que no he sido debidamente interpretada. De ninguna manera he intentado referirme a los conocidísimos chaqueteros, porque de ellos sabemos que no son izquierdistas ni apegados a ninguna ideología, ni credo, ni práctica fuera del chaquetismo. No he intentado evocar a quienes se mueven al vaivén de las olas de nuestro peculiar “ejercicio político”, por llamarlo de algún modo y sabiendo, como todos sabemos, que es más bien la búsqueda de notoriedad, preferiblemente acompañada de algún nivel d...

Como el santo rosario

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  74 años “entrao en” 75 son muchos años. Por más que nos digan “todavía usted está joven”, la realidad es que a esta edad no lo somos. De hecho, estamos a tiro de hit para alcanzar la esperanza de vida en nuestro país (lo cual no significa que no la superemos, como tantos de nuestros conocidos y desconocidos). Por supuesto, para llegar hasta aquí, fuimos niños, jóvenes y adultos. Ahora somos viejos (¡no al eufemismo de adulto mayor, que ser viejo no es delito ni ofende a nadie!). No sé si son cosas mías, pero tengo la percepción de que nosotros, los viejos de mi generación, somos bastante más vitales que los de generaciones anteriores. Muchos todavía trabajan, otros dejamos de trabajar hace poco, aun teniendo fuerzas, lucidez y ganas para seguir. Pero veo fotos de mi niñez con mis abuelas, que no tenían ni 60 años cuando nací, y de mi hija con mi mamá, que tenía 66 cuando ella nació, y lucen mucho mayores que mis contemporáneos y hasta de los que ya alcanzaron o están lleg...

No podían ganar los dos

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  Hace algo más de 60 años, en mi adolescencia, mis vecinos coetáneos y yo oíamos los juegos de pelota por radio en el parqueo de una farmacia. El radio era de plástico duro. Era mío, salido de una compra-venta que mi papá tenía entonces, como compensación a unas facturas que revisé y organicé. Del grupo que se reunía a oír los juegos, casi todos eran liceístas. Había un aguilucho y yo era (soy) escogidista. Las Estrellas Orientales no tenían a nadie en ese grupo. Una noche, el juego que estábamos oyendo era entre las Estrellas y el Licey, en San Pedro de Macorís. Recordemos que, en ese tiempo, las Estrellas eran los perdedores seguros en todos los campeonatos. Resulta que ese día, no solamente ganaron las Estrellas, sino que fue una pela 16 a 4. A pesar de que, de no ser por la sorpresa de que las Estrellas ganaran, la lluvia de palos y anotaciones calificaban para aburridas, la cuerda que cogió la liceísta más fanática que haya nacido en nuestro país, ya fallecida, la l...

¡Ay, esos contratos de adhesión!

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Dice “don” Copilot; “Un contrato de adhesión es un tipo de contrato donde una de las partes establece las condiciones generales, y la otra parte solo puede aceptarlas o rechazarlas sin posibilidad de negociación.” Así son los contratos de servicios masivos. Las empresas de servicios son incalificables. No sé cuál de todas me tiene más recontrajarta. Así como era difícil vivir sin teléfono durante muchos años, ahora es difícil vivir sin celular y el inefable internet. Ya, sin darnos opciones, la compañía Claro nos cambió las líneas telefónicas (alámbricas) por fibra óptica (desde la cajita del internet). Pagamos una suma mensual por un número de minutos en el teléfono, más un determinado plan de internet aéreo (wifi). Hay quienes también pagan por el servicio de telecable. No estoy hablando de celulares, sino de servicios -llamémoslos – domésticos. Fijos, no móviles. Aparte del constante asedio para que nos cambiemos de plan, resulta que cada vez que el servicio falla porque...

Cada ritmo trae sus pasos

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  Y así, nos hemos pasado la vida aprendiendo a bailar. Cada vez que aparece un ritmo nuevo, ¡a aprender a bailarlo! Los de mi generación, por supuesto, hemos tenido el merengue desde que nacimos hasta la fecha. Ha tenido épocas en que se ha puesto muy desagradable, incómodo, difícil, acelerado, mezclado. Los que somos de ciudades, nos quedamos con los merengues de orquesta. Aceptamos la llegada de los combos hasta que empezaron a reproducirse como curíos, y no pocos masacraron el merengue. Felizmente, siempre sobrevivió. En el camino, también disfrutamos del son, el danzón, la divina guaracha, el guguancó, el maravilloso chachachá, la plena, la bomba, el mambo, la rumba, la chunga, la pachanga, la charanga, el bugalú, la mangulina, la variedad de salsa (romántica, brava, etc.). Otros ritmos nunca llegaron a los salones de baile. Por ejemplo, en una época Rafael Solano llevó la mangulina a los bailes y sudamos la fiebre, pero el carabiné no. Angel Viloria grabó música y l...

Prácticas viejas y muy malas

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  A mediados de los años 70, hacía muy poco que había regresado de Francia y me contrataron para traducir unos manuales de equipos que la presidencia había adquirido para algunas de sus dependencias, entre ellas RTVD (el canal 4). Cuando recibí del primero de dos o tres cheques en los que habíamos acordado dividir los pagos, di un brinco – y no fue de alegría – cuando vi que me habían descontado RD$2 por concepto de una foto del presidente Balaguer. Ahí mismito empecé a pelear: en primer lugar, ¿dónde estaba la foto de Balaguer que me estaban cobrando? En segundo lugar, ¿qué los hizo pensar que yo quería una foto de un hombre que, no solamente salía en la prensa absolutamente todos los días, sino que se encontraba a dos puertas del lugar que me asignaron para hacer el trabajo? Y, en tercer lugar, ¿qué ley amparaba esa compra inconsulta? Para salir de mí, más de un empleado de ese departamento se metió la mano en los bolsillos para resarcirme los dos pesos. Entonces tuvieron...