Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2026

¡Ay, esos contratos de adhesión!

Imagen
Dice “don” Copilot; “Un contrato de adhesión es un tipo de contrato donde una de las partes establece las condiciones generales, y la otra parte solo puede aceptarlas o rechazarlas sin posibilidad de negociación.” Así son los contratos de servicios masivos. Las empresas de servicios son incalificables. No sé cuál de todas me tiene más recontrajarta. Así como era difícil vivir sin teléfono durante muchos años, ahora es difícil vivir sin celular y el inefable internet. Ya, sin darnos opciones, la compañía Claro nos cambió las líneas telefónicas (alámbricas) por fibra óptica (desde la cajita del internet). Pagamos una suma mensual por un número de minutos en el teléfono, más un determinado plan de internet aéreo (wifi). Hay quienes también pagan por el servicio de telecable. No estoy hablando de celulares, sino de servicios -llamémoslos – domésticos. Fijos, no móviles. Aparte del constante asedio para que nos cambiemos de plan, resulta que cada vez que el servicio falla porque...

Cada ritmo trae sus pasos

Imagen
  Y así, nos hemos pasado la vida aprendiendo a bailar. Cada vez que aparece un ritmo nuevo, ¡a aprender a bailarlo! Los de mi generación, por supuesto, hemos tenido el merengue desde que nacimos hasta la fecha. Ha tenido épocas en que se ha puesto muy desagradable, incómodo, difícil, acelerado, mezclado. Los que somos de ciudades, nos quedamos con los merengues de orquesta. Aceptamos la llegada de los combos hasta que empezaron a reproducirse como curíos, y no pocos masacraron el merengue. Felizmente, siempre sobrevivió. En el camino, también disfrutamos del son, el danzón, la divina guaracha, el guguancó, el maravilloso chachachá, la plena, la bomba, el mambo, la rumba, la chunga, la pachanga, la charanga, el bugalú, la mangulina, la variedad de salsa (romántica, brava, etc.). Otros ritmos nunca llegaron a los salones de baile. Por ejemplo, en una época Rafael Solano llevó la mangulina a los bailes y sudamos la fiebre, pero el carabiné no. Angel Viloria grabó música y l...