Mentes estrechas y mal corazón
Sin necesidad de datos oficiales,
está a la vista – y la lógica indica - que la inmensa mayoría de quienes
participaron en las trascendentales y gloriosas Marchas Verdes siguen viviendo,
si no peor, igual que antes.
No me incluyo porque, en el
primer período de gobierno del PRM, fui tomada en cuenta para un puesto. De
hecho, pedí uno muy por debajo del que se me ofreció, porque, dadas las
circunstancias (la pandemia), quería estar cerca del país; quería trabajar para
dominicanos en la pobreza y también quería un puesto que no fuera codiciado,
para no tener que bregar con los “compañeritos meritorios”. Me guayé.
No podía adivinar que las cosas
saldrían así, como la arepa, candela por arriba y candela por abajo. Un
concurso de ingratitudes. Desconsideraciones de todos los flancos.
Pero hay que deslindar los
territorios: por un lado, los que, efectivamente, usaron su protagonismo en las
marchas para trepar y avergonzarnos. (Esto no incluye a quienes aportan sus
conocimientos y su experiencia, y sudan sus sueldos.)
Por otro lado, los inefables
“compañeritos del partido” que, sin el menor pudor reclaman que deben recuperar
una inversión (que no hicieron) para que el PRM ganara las elecciones, sin
importarles su absoluta falta de capacidad y su inexistente intención de
cumplir con sus funciones.
Un tercer lado, las
desconsideraciones de las que fuimos objeto quienes creímos que esto era de
verdad, de parte de las alturas, para dar espacio a los antes mencionados.
Encima de todo lo anterior,
también hay que coger más de una pela diaria leyendo comentarios barriendo el
piso con el movimiento más trascendental de nuestra historia que, de buena fe,
con grandes esfuerzos y a mano pelá, debilitó al partido que gobernaba, y
allanó el camino al partido que tenía más posibilidades de ganar las
elecciones, en cuyos compromisos y promesas confiamos.
No me malinterpreten. No estoy en
modo víctima. Estoy en modo indignada. Toda esa lucha, pisoteada por quienes
resultaron ser infiltrados, por los grandes e ingratos beneficiarios y, como si
fuera poco, por los tantos comentaristas venenosos.
Es muy duro, a mi edad, constatar
de esta manera la inutilidad de luchar en las calles por cualquier causa.
Muchos empezaron en abril de 1965. Los de mi edad, empezamos por el Medio
Millón para la UASD, en 1968. No sé si mis coetáneos estarán dispuestos a
participar en la próxima. Yo no.
Si usted no participó en las
marchas, no puso ni un segundo de su tiempo, no hizo esfuerzos, no gastó, no
pidió contribuciones, ni hizo nada, no opine. Si participó, le sacaron la misma
lengua que a todos. No merecemos su saña.
Lo que sí les advierto es que al
menor cubo de mierda que echen a Marcha Verde desde cualquier flanco, siéntanse
libres de tomarlo como censura, pero cuenten con ese bloqueo. No tienen que
estar de acuerdo. Tienen que respetar.
Todas las malas sorpresas que nos
han venido dando también me afectan, me duelen, me avergüenzan, me acortan la
vida. Viertan su veneno en otros muros.

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