Gracias por todo, Acacia querida

Para mi suerte, no soy de celebraciones por fechas. De lo contrario, hoy habría tenido que cancelar cualquier actividad que hubiera programado por ser Día de las Madres.

 

No puedo describir mi tristeza. Acabo de enterarme de que mi querida amiga Acacia, la doctora Acacia Mercedes, Maestra de la Medicina, reconocida entre las Mujeres que Cambian el Mundo, falleció esta madrugada.

 

Mantuvimos una amistad sólida por algo más de 50 años, cuando ella regresó de México y yo de Francia, durante cuyo ejercicio, más que cualquier otra cosa, nos divertimos muchísimo.

 

Además, desde que le informé de mi embarazo, Acacia fue y siguió siendo siempre la pediatra de mi unigénita.

 

Aparte de que nunca me cobró ni un solo centavo, mi hija nunca se enfermó durante su infancia ni su adolescencia. Acacia decía que los pediatras trataban hasta los 18 años. Con Elisa, se pasó por más del doble.

 

Acacia, además de sincera, siempre fue muy frontal. Lo que tenía que decir, lo decía sin importarle el momento, la circunstancia y mucho menos las consecuencias. Sí, daba boches. No barajaba discusión. Y muy raras veces estaba equivocada. Súper solidaria. Desinteresada. Transparente. Siempre muy arreglada, planchadita, impecable.

 

No puedo olvidar su satisfacción cuando le dije que Elisa iba a estudiar Medicina, ni su orgullo cuando Elisa se graduó, ni lo contenta que se puso por los resultados de Elisa en el examen para entrar a las Residencias Médicas. Claro, también esperaba que eligiera Pediatría, pero eso no se le dio.

 

Faltando poco para su cumpleaños, que sería en junio, pensaba que este año, al igual que todos los anteriores, abriría las puertas de su casa desde temprano, y en algún momento pasaríamos a felicitarla.

 

Pero se fue hoy, Día de las Madres. Aunque no tuvo hijos propios, fue la madre de muchísimos, entre sobrinos, hijos de amigos y allegados, no hablemos de la legión de pacientes que trató, tanto en la Clínica Abreu como en el Hospital de Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia. También fue la madre de muchos médicos, entonces estudiantes, que recibieron su docencia.

 

Tuvo la suerte de pertenecer a una familia unida. Sus familiares se desvivieron en atenciones y cuidados durante este proceso. Y ella, con el ánimo en alto, diciéndome que volveríamos reunirnos como antes, a bailar con los amigos, tan pronto ella superara el momento.

 

En fin, a esta edad, como que la fila hacia lo inevitable se mueve con más rapidez. Seguimos desconociendo nuestro turno y, aun sabiendo que también estamos cerca, es duro ver partir a nuestros compañeros de los diferentes aspectos y las diferentes etapas de la vida.

 

Descansa en paz, querida amiga. Quién sabe, no hay referencias, pero quizás un día nos reencontremos en otra dimensión. Gracias por todo.

 

Por favor, si vas a escribir un comentario, incluye tu nombre. Gracias.








 


 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Carta a Socorro Monegro

Belisa Amelia

Ni con sus vidas pagan