Siete decenios y medio
Todos los que nacimos en 1951
estamos cumpliendo 75 este año. Iba a decir que no hay vuelta atrás, no la hay desde
el primer día de vida hasta el último. La vida no se detiene ni se devuelve “para
coger impulso”.
No sabemos cuánto nos queda de
vida, pero con seguridad, cada día nos queda menos, agravado porque, diferente
a la infancia y a la juventud, ya no nos vamos poniendo más fuertes, sino
vertiginosamente más débiles. Menos independientes.
Claro que “lo bailao nadie nos lo
quita”. Y de que bailamos, bailamos.
Nacimos y pasamos nuestra
infancia en el último decenio de la era de Trujillo. Y estamos a riesgo de terminar
nuestros días durante el primer decenio de Alofoke.
Durante los primeros cinco años
postdictadura, no sé cuántos gobernaron el país, entre Consejo de Estado y Triunvirato,
más la Revolución de 1965, el Gobierno Provisional, hasta las elecciones de
1966 que llevaron a Balaguer al poder por los siguientes doce años.
Luego, dos períodos de gobierno
del PRD, Balaguer otra vez por diez años más, un primer período del PLD, el PRD
los siguientes 4 años; de nuevo el PLD, esta vez por 16 años, y desde 2020 a la
fecha y, en principio, hasta 2028, el PRM.
De los demás poderes del Estado –
Legislativo, Judicial, Municipal, Iglesia y Prensa – mejor no decir nada.
Balaguer ya no está y su partido
es cosa del pasado. Lo que queda del PRD no da para volver al poder. El PRM,
que podría conservar el poder – en principio, lo tiene todo – parece dormido en
sus laureles y los aspirantes a la candidatura presidencial más bien parecen
estar promoviéndose a título personal, no solamente por fuera del partido, sino
carentes de programas sólidos de gobierno.
Realmente, están en un tranque:
cualquier declaración de promesas, cualquier programa novedoso, podría interpretarse
como crítica al actual gobierno de su propio partido, ya que llevarían a
recordar promesas no cumplidas durante estos dos períodos, que quien sea el candidato
para el 28 no debe prometer, sabiendo que tampoco lo hará.
Por ejemplo, nos pasamos los
gobiernos de Balaguer criticando, con toda razón y todo derecho, las “botellas”,
al extremo que ya desde los inicios de su construcción, empezamos a llamar “Huacal”
al edificio de oficinas gubernamentales frente al Palacio de la Policía
Nacional. Muy poca gente, por no decir nadie, sabe cómo se llama ese edificio.
Y, de Balaguer para acá, son muchos los edificios que se han construido, comprado
y alquilado para colocar botellas, incluso fuera del país, pariendo embajadas,
consulados y otros inventos, para los mismos fines.
Si de casualidad se materializan
las aspiraciones de Alofoke, viviremos la que puede ser la última campaña que
presenciemos muchos de mi edad y que, sin duda, será de película, a nivel de
los grandes directores europeos de los años 70.
Llegaremos al último de nuestros
días sintiéndonos arrimados, estorbos en nuestra propia casa, ese hogar materno
que debe ser la patria. Moriremos insatisfechos, decepcionados, frustrados,
indignados, tomados del pelo, pero jamás aburridos.
Como decía Luis José Mella: “Nosotro
no hano, pero de que hano, hano.” Sigamos celebrando nuestros ¾ de siglo, que
esto no tiene componte. A mí me toca en octubre.

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