Octubre termina en tres días
¿Sabe alguien si, efectivamente, ya
están disponibles los medicamentos de alto costo? Las historias de niveles de
ansiedad, de frustración y demás experiencias no solamente desagradables sino
comprobadamente lesivas a las condiciones de salud de los, en principio,
usuarios de ese programa, son alucinantes.
Los trámites son un verdadero
atentado a la dignidad, una irreverencia a las personas a quienes, como si la
pobreza no les fuera suficiente, los ha atacado una enfermedad catastrófica.
Y ahora me entero de que ese
pastel tiene una cerecita, que estoy loca por que alguien me desmienta porque,
de ser cierta, mueve a asco, a repulsión.
Me cuentan que hay gente rica,
muy rica – tanto de cuna, como por sus éxitos profesionales o comerciales, como
gracias a su paso por uno o más de nuestros gobiernos – que, con una simple
cartita de un funcionario de cualquiera de los poderes del Estado, consigue
esos medicamentos de alto costo sin dificultad.
Siempre se ha sabido que no hay
riqueza sin sangre, pero ya esto es de una crueldad incalificable, un ejercicio
de poder despiadado, unos niveles de complicidad de extraordinaria bajeza.
Repugnante.
Mientras nuestros politiqueros de
pacotilla se congracian con los ricos – que nunca los aceptarán como iguales -
son muchas las familias que lo han perdido todo, muchas otras que han acudido a
la solidaridad, exponiéndose en las redes sociales en vano afán por sobrevivir
en mediana dignidad cuando los ataca una de esas enfermedades, no hablemos del pánico
que crea la aparición de nuevos síntomas, porque nuestros peculiares ricos
tienen claro que su dinero es para viajar, para proporcionarse gustos y que, en
su “calidad de ciudadanos”, y en un extraño ejercicio de igualdad de derechos, se
benefician de un programa, en principio, creado para los tantos dominicanos de
los que solo existen el día de las elecciones.
El SISALRIL aseguró que los medicamentos
de alto costo estarían disponibles en octubre, este mes, que termina en tres
días. Supongo, entonces, que ya están. Por tanto, podemos, debemos y queremos observar
el meneo, rogando a los santos que la denuncia sobre la injusta, desigual prioridad
en la distribución sea falsa.
La vida de los ricos es infinitamente
más costosa, pero de ninguna manera vale más, mucho menos a expensas de la salud
de los pobres.
De ser cierta la denuncia, los
funcionarios, tanto los que firman las supuestas cartitas como los que
administran la distribución, merecen la horca en una plaza pública. (Sí, nos
obligan a volver a las cavernas.)
Y que conste que esto no me
afecta en lo personal: la única enfermedad catastrófica de la que padezco es la
indignación, para lo que no hay medicamento ni paliativo.
Si va a escribir un comentario, por favor, incluya su nombre. Gracias.

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