Quería saber si era virgen

 


Las historias de los abusos sexuales, principalmente de hombres a niñas y adolescentes, aparte de escandalosamente numerosas, son cada vez más inexplicables.

De la interminable gama de ejercicios de poder, éste es el más aberrante.

Hoy les cuento la experiencia de una jovencita que solía visitar con frecuencia a unos vecinos, amigos inseparables, contemporáneos.

Un domingo en la tarde, quedaron solos, conversando en la marquesina, el padre de sus amigos y ella.

El señor, en un momento se paró de su mecedora y entró a la casa. Pocos minutos después, regresó. Evidentemente, entró a ver dónde estaban los demás miembros de su familia.

Sin mediar palabra, se colocó de pie detrás de la muchacha, con una mano le levantó la cabeza y, mientras la besaba salvajemente en la boca, con la otra mano intentó introducirle el dedo en la vagina.

No lo logró. Estuvo cerca, pero la joven logró zafarse. Se fue a su casa y no le comentó nada a su madre, segura, por experiencia, de que no le creería y que la castigaría por embustera.

Muchos años más tarde, durante una conversación con su amigo, hijo del señor, evocando momentos pasados, que llevó a señalar la notoria tirantez entre su padre y ella, ella se lo contó. El amigo respondió que no lo creía, pero que iba a encarar a su padre.

Pocos días después, el amigo le dijo a la ya entonces mujer cuarentona que su papá le respondió con la mayor naturalidad que solo quería saber si ella era virgen. ¡Y el hijo entendió que su papá había actuado sanamente, que no le había hecho nada malo a su amiga!

¿Será que pensó que su papá tenía derecho a hacer eso a una vecina, amiga de sus hijos, hija de vecinos y amigos de él?

¿Será que su papá también se lo hizo a sus propias hijas, las dos hermanas del amigo de la entonces joven, cual procedimiento natural de todo padre?

Y no digo que el amigo se lo haya hecho a sus hijas porque no tiene hijas. Solo tiene varones y, la verdad, no me gustaría pensar… De todos modos, la que vivió la experiencia no tiene esa información. Bueno, si la tiene, no me la contó.

Lo que sí me contó es que su amigo intentó algo parecido con la hija de ella, no le fue bien, y el tipo salió diciendo que parecía que a la muchacha no le gustaban los hombres. Y así se perdió una amistad de toda la vida, con tan buenos recuerdos de los tantos divinos e inolvidables momentos compartidos en la juventud.

Siempre he oído decir que la violencia genera violencia. Si la violencia de la que son objeto las mujeres desde muy tierna edad generara violencia, la población mundial estaría muy por debajo de sus cifras.

La violencia de los abusos sexuales, a cualquier edad, lo que genera es miedo, inseguridad, baja autoestima, evasión de la realidad. Deja la dignidad pisoteada y hasta invita al suicidio.

Por favor, escribe tu nombre si vas a poner un comentario. Gracias.


 


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