Ni con sus vidas pagan
Precisamente por lo mucho que nos han costado, está claro que no valen nada. Nunca sabremos cuántas vidas se fueron y cuántas quedaron en condición irrecuperable. El saldo de viudas, viudos, huérfanas, huérfanos, madres y padres sin hijos… igual o peor que una guerra.
No merecíamos esto. Lo grande del
caso es que todavía no lo sabemos todo. Lo único que no ha dejado el menor
resquicio de duda es que estamos podridos.
No recuerdo donde leí que «la
justicia no siempre es castigar al culpable. A veces es reconocer la capacidad
donde nadie se toma el trabajo de mirar».
Pero en nuestra sociedad nadie se
toma el trabajo de mirar la capacidad, mucho menos reconocerla. Por el
contrario, la capacidad estorba. Y donde dice capacidad, no solamente se refiere
a formación académica y experiencia laboral, sino a la lista de valores y
principios que deben completarla.
El caso que ha sacudido a toda la
sociedad fue cometido por hombres y mujeres privilegiados en más de un sentido,
incluyendo la oportunidad de hacerse profesionales sin más sacrificio que el
tiempo que dedicaron a sus respectivas carreras. Personas con sus vidas
resueltas, en posición de producir con qué mantenerse y mantener a sus
dependientes holgadamente.
Pero, repito, estamos podridos. Desde
que los votos dejaron de echarse por conciencia, desde que las elecciones se
convirtieron en un mercado asqueroso, desde que los puestos en el gobierno son
para quienes compraron los votos, esto se ha vuelto un chiquero.
Lo que nunca imaginamos es que se
llegaría al extremo de mantener la gente enferma y hasta dejarla morir para
saciar ambiciones. Porque, con toda seguridad, lo dispuesto para intentar mantenerse
en el poder es solo una parte de lo robado.
Que lo otro que se robaron y que
tardaremos en recuperar es la fe y la esperanza de llegar a ver nuestro país
como lo queremos, para lo cual luchamos. Todo lo que hemos recibido a cambio es
mucho desdén, muchas patadas en el pecho.
Y ahora este golpe: un asalto a
la salud, a la vida.
Sin justificar el origen de los
fondos, que un senador ya fallecido se sintiera realizado coleccionando relojes
Rolex se entiende. Pero todo un doctor en Medicina, con especialidad y
sub-especialidad, que nunca fue pobre… Hay que ser muy poca cosa en la vida.
No se puede esperar que cada vez
que mire la hora en un reloj de ésos, piense en cuántos medicamentos y
tratamientos han dejado de recibir tantos pacientes, mucho menos cuántos habrán
muerto por sus antojos y caprichos. Para eso sería necesario tener conciencia,
no ser un desalmado.
Si creyó, si creyeron que
merecían eso y más por haber llevado los candidatos de un partido al poder,
debieron cobrárselo a ellos, los beneficiarios de sus nada desinteresados
esfuerzos e inversiones.
No, no merecíamos este fin de
año. No merecemos recibir el Año Nuevo golpeados de esta manera y con la única seguridad
de que las noticias venideras serán peores.
Si lo hubiéramos sabido…
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