Ese día debí cortar contigo
Un día, hace
más de 10 años, diría que 12, me llamaste desde tu celular a mi teléfono de
línea y, en voz muy baja, me pediste que te llamara a ese número, al celular del
que me estabas llamando.
De ti, no se
podía pensar que no tuvieras disponibilidad de minutos para hacer una llamada
por larga que fuera, pero todo eso lo razoné después, mucho después, cuando me
di cuenta de tu propósito, no sé si infantil o malsano.
Me estabas
llamando desde la casa de la persona por la que me acerqué a ti, por la que me
interesé en tus planes y me adherí a ellos. Te había hablado de mi amistad, mi
gratitud y mi cariño por él. Y decidiste comprobarlo, medirlo.
Al sonar tu
celular en su presencia, respondiste en voz muy baja: “espera un momento”, y
escuché claramente cuando interrumpiste al hombre para decirle: “Aquí me está
llamando Cosette Alvarez, le manda muchos saludos.” Y a mí, solamente: “Ya”. Y
terminaste la llamada.
Me cogió
vueltas el cerebro. Sin dármelas de ser la más ingenua ni la más bruta, me tomó
tiempo caer en cuenta de la jugada: querías ver la reacción del hombre, probar
si era verdadero ese cariño y ese vínculo de amistad agradecida del que te
hablé.
Como no estaba
presente, todavía al día de hoy ignoro cómo reaccionó el hombre a un saludo que,
en esa ocasión, yo no le estaba mandando. Me quedé tranquila porque tengo
suficientes reportes de que se pone contento cuando sabe de mí, no hablemos de
la algarabía cuando nos encontramos.
Y, si no se
puso contento, debido a la interrupción a lo que estuviera haciendo, no pasaba
nada, como en efecto, no pasó.
De ñapa, ahí
se enteró el hombre de lo que menos le interesaba en la vida: que yo estaba en
contacto contigo, algo que yo misma había hecho público, bien motivado.
Demasiado bien, si vemos los lamentables resultados.
Sí, ese día
debí cortar contigo.
Esa fue una de
las tantas veces que debí cortar contigo.
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