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Salir en esta, nuestra ciudad

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  Creo que el asombro dejó de ser causa de muerte hace años en el Distrito Nacional. Desde que regresé a Gascue hace un poco más de siete años, una de mis salidas más frecuentes es a la tienda Sirena de la Avenida Mella. Antes de la pandemia, iba a pie y regresaba en taxi. Hoy, como lo hago desde hace un tiempo, me fui en el carro. Cuando, desde la Duarte, doblé hacia la Mella, me vi atrapada en un reperpero entre agentes de la Policía y esos vendedores informales de absolutamente todo que, día tras día, se instalan en las aceras a todo el largo y al frente de la tienda. Fue una escena realmente intimidante. Nada nuevo, pero tampoco es algo a lo que nadie se acostumbra: la violencia policial. Entre el shock que me produjo el evento y el movimiento de un agente en el medio de la calle, me detuve para no atropellarlo. Lo que me gané fue que ese agente le diera varios pescozones a mi carrito de marca asiática, por tanto, plástico; que me voceara de todo, a nivel de “ruede, rue...

Apreciado Andrés (Bautista):

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  Solo para saber: ¿Es un show, un relajo, la alharaca por la compra de 3,215 chacabanas a $5,722.20 cada una, para un único evento? Es decir, entiendo que $18,396,870 en una compra del Estado y, sobre todo, cuando los funcionarios de primer rango se han acostumbrado a manejar montos alucinantes sin eructar, viene quedando como que tú o yo gastemos $100 en un colmado. También entiendo que cualquier prenda de vestir de cierta calidad pueda costar eso y más. La parte que no entiendo es para quiénes y para qué son las 3,215 chacabanas. Es decir, nunca he oído que se proporcione vestimenta a los participantes en esas actividades, sea cual sea su rol. ¿De cuántas personas estamos hablando? ¿Cuántas chacabanas les darán a cada uno? ¿Las vestirán también después del evento? No sé, pero me parece más correcto, sobre todo de parte de Andrés Bautista, a quien muchos tenemos por un hombre de buenos modales, que aclare tranquilamente, con naturalidad, los detalles de esa compra, en vez de tild...

Hace más de dos años

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  A finales de 2022, un joven viceministro de formación académica más que sólida, asombrosa, de excelente educación doméstica, nada simpático, pero correcto, eficiente, disponible 24/7, fue “desvinculado” para dar paso a un burdo politiquero exvendedor de gomas extremadamente mal educado que vive “allantando perros” con su imaginaria cercanía con el jefe del Estado. Alardea de ser “el único viceministro que despacha con el presidente”, cosa que, de ser cierta, no le importa ni le aporta a nadie. El entonces viceministro de estreno no perdió tiempo en barrer (con los debidos decretos que no es él quien firma) en las instituciones recaudadoras a su cargo ubicadas en la zona que él coordina dentro del partido, para llenarlas de sus pares: tígueres, vagos, analfabetos, patanes, de vida personal cuestionable, ausentes de sus lugares de trabajo, en fin, de colección (de lo peor), esos   fantasiosos “factura-votos” que dizque gastaron un dinero que no gastan ni en ellos mismos y ...

Dando ruedas en “los países”

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Acabo de regresar de un viaje maravilloso. Una semana completa dando ruedas en Connecticut y Rhode Island, en plena primavera, viendo “en persona” una inmensa variedad de flores en los tantos pueblitos y una que otra ciudad de esa parte de los Estados Unidos que no conocía. Todo precioso, limpio, organizado; comiendo como reyes. Hacía frío, llovió mucho, pero eso no impidió ni uno solo de los increíbles paseos que me prodigaron mis insuperables anfitriones. Gracias por todas sus atenciones y, principalmente, su paciencia. Desde la izquierda, Gustavo De León, mis espléndidos anfitriones Rafael y Alma Martínez, Gisela De León, esposa de Gustavo y hermana de Alma, y yo, en el Restaurante The Reef, en Newport, RI. Clara Crisóstomo viajó a Cromwell, CT, desde NY, con este “biscochito” de dos libras, hecho por ella: Alcanzó hasta para untarnos. Traje la parte de arriba congelada y todavía queda un chin. Mortal. Y María, la amiga que la acompañó, un poema. Flores, muchas flores po...