Vejez y tránsito en RD
A propósito del debate sobre la
duración de la licencia de conductor a partir de cierta edad, sería bueno tener
presente lo difícil, desagradable y traumático que es manejar en nuestro país.
Y, por supuesto, las limitaciones en aumento a medida que envejecemos.
No es nueva la ley que manda que,
a partir de los 65 años, la renovación de la licencia es solo por dos años.
Tengo que decir aquí que la última vez que renové la mía, en 2023, cuando
cumplí 72 años, le pusieron el vencimiento en 2027, o sea a los cuatro años,
cuando tendré 76.
También es bueno saber que, en
otros países donde el tránsito no es caótico como el nuestro, a partir de los
65 años hay que renovar anualmente y la renovación depende de varios exámenes
médicos, no solamente de la vista y el oído.
En la República Dominicana, mueve
a risa que pretendan ser tan estrictos, aunque se trate de algo sensato, siendo
a la vez tan permisivos con tantas insensateces, por cierto, relativas al
tránsito.
Son demasiados los conductores de
todo tipo de vehículos y de todas las edades que lo único que saben hacer bien
es irrespetar todas y cada una de las leyes de tránsito, por lo que no se puede
esperar que tengan el menor sentido de la convivencia ni que les importe el
peligro que representan para los demás.
Yo, particularmente, estoy harta
de manejar. Las pocas veces que lo hago, regreso a mi casa destruida
físicamente, con los nervios destrozados y con el ánimo en el subsuelo. Pero creo
que nosotros, los envejecidos (envejecientes son los que todavía no han llegado
a viejos), no somos el mayor peligro que corre y recorre nuestras calles, caminos,
carreteras y autopistas.
Peligrosos son los nunca bien
ponderados padres de familia, los incalificables motoristas; luego, las
voladoras; los tiestos y anafes del concho; las guaguas y los camiones; los menores
de edad y adultos jóvenes consentidos a quienes no inculcaron civismo ni
respeto por los demás; los nuevos ricos y los ricos de dinero mal habido llevándose
el mundo por delante con sus vehículos de lujo; los funcionarios de todos los
poderes del Estado que transitan con escolta y flanqueadores, ya no solo
violando las leyes de tránsito, sino desconsiderando y maltratando a quienes
pagamos placa, de los cuales no pocos están pagando sus carros con sacrificios,
no hablemos de los peatones temerarios, ni mencionemos la alucinante cantidad de conductores de todo
tipo de vehículos que andan con bates, machetes, armas de fuego, etc.
Dejaré para otro día los nunca
bien ponderados tapones y la insuficiencia de espacios para estacionar.
Es cierto que la edad nos va
limitando en muchos aspectos, que ya los reflejos no son los mismos y, de
verdad, estoy de acuerdo con la renovación cada dos años. Yo misma renovaré la
mía por cualquier emergencia (no puedo pagar un chofer y, francamente, no me
gustan). ¡Tanto que me gustaba dar ruedas! ¡Hasta aprendí a manejar a la
izquierda en Antigua, a los 70 años! Pero ya esto es de terror y espanto. Ahora pago por no
salir de mi casa.
Creo que las autoridades, sin
dejar de aplicar la ley, deberían cerrar el circo (sin pan) de las licencias en
edad avanzada que, de todos los gravísimos problemas del tránsito dominicano,
es el menor.

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